Adios al Johnny
Alguna vez imaginé qué sentiría si el Johnny cerrase este año. Pensé que me daría rabia por haber aceptado el puesto de subdirección y quedarme sin el año “de invitada” o como lo quieran llamar. Supuse que sentiría rabia por tener que buscarme otra cosa a sólo un año de terminar la carrera, que me dolería que se me fastidiaran mis planes para los años próximos… pues bien, y ahora que definitivamente sé que cierra, ¿qué?
La sorpresa ha sido grande cuando no ha sido rabia lo que he sentido. Sino tristeza y nostalgia. Lástima, porque muere un grande: muere el Johnny.
Me cuesta creer que el año que viene no estará, que no podré venir a jugar la liga interna, ni una pachanga, ni a cafeta, ni a reunirme con amigos que todavía sigan en el colegio… me cuesta mucho pensar que la del sábado 25 fue la última fiesta del Johnny, y que el del jueves 30 fue el último Vinilo. Que el partido del Corte Inglés que jugamos el miércoles fue el último partido con el colegio… y que a partir de ahora, nadie más tendrá la oportunidad de vivir lo que yo he vivido.
Supongo que el curso que viene, cuando pase por la Avenida Gregorio del Amo veré el colegio vallado… con sus paredes frías, sin luz, sin gente, vacío… y la nostalgia me invadirá. Porque, nos guste o no, el Johnny se acabó. Nunca volverá a ser ni parecido a lo que fue. El Johnny ha muerto.
Cierra por una obra, y seguramente, cuando abra dentro de unos años, estructuralmente estará como nuevo: red eléctrica, tuberías nuevas, escalera de incendios, Internet… muy equipado con su sistema de apertura de puertas con tarjeta y demás mejoras; pero también abrirá con nuevas normas, nuevo sistema organizativo, y lo bueno que tiene el Johnny, lo que le ha hecho diferente, nunca volverá; será simplemente un colegio mayor más, totalmente diferente del que hemos conocido.
La historia del Johnny, desde sus comienzos, ha sido distinta a la de cualquier otra residencia de estudiantes o similar. Durante muchos años, fue un referente a nivel cultural e ideológico, y un ejemplo a seguir en cuanto a la vida colegial se refiere.
El Johnny se creó para dar la oportunidad de residir en un colegio mayor a estudiantes con poco poder adquisitivo, y es por eso que se hizo tan grande: para poder bajar el precio. Durante muchos años ha sido un colegio regido por la libertad y el respeto a los demás. Un lugar donde aportando tu granito de arena, podías llegar a construir una montaña. Un lugar donde prácticamente todo era posible: puede sonar utópico, pero ¿cuántos colegiales que nunca hubieran imaginado tocar en un concierto lo hicieron, e incluso grabaron para un disco?, ¿cuántos colegiales se han subido al escenario para interpretar su papel en una obra de teatro?, ¿cuánta gente importante (en materia de música, teatro, política, humor…) ha venido a nuestro salón de actos traídos por colegiales?, ¿cuántas películas se han proyectado en el cineclub?, ¿cuántos debates se han generado?, ¿cuántos colegiales han tenido sus publicaciones en La Cola del Gallo?, ¿cuántos han podido hacer su propio programa de radio?; incluso de una humilde actividad colegial, surgió el prestigioso Club de Música y Jazz del San Juan Evangelista.
El Johnny ha ofrecido oportunidades de todo tipo a todo aquel que ha estado dispuesto a disfrutarlas. Esto es la libertad. Por lo tanto, libertad no es sólo beber, fumar porros y traerte a quien quieras a la habitación; el que se haya limitado a hacer eso, ha perdido una gran oportunidad en su vida. Y, quizás tengo una visión sesgada de la realidad, pero me da la impresión de que cada vez hay más gente así, y es por eso que me pregunto: “¿el Johnny ha muerto, o lo hemos matado?”
A pesar de que cierre y de que se haya comunicado tan tarde, a pesar de los malos momentos, de las goteras, de los problemas con las duchas y la calefacción, a pesar de los filetes fríos, y de la tortilla paisana, me alegro muchísimo de haber vivido los cuatro últimos años del Johnny en él, y guardaré infinidad de buenos recuerdos de esta época de mi vida. Sobretodo recuerdos de grandes personas:
Algunos, muy pocos, han estado ahí siempre que los he necesitado; en los buenos momentos, compartiendo risas, charlas, comidas, fiestas… pero también en los malos ratos: llantos, abrazos, reprimendas, crisis …
Con otros he compartido determinadas situaciones: partidos de fútbol, un rato en cafeta, una tarde agradable en los banquitos de la puerta, un partido de ping pong, una comida, una cena de pasillo, unos bailes en una noche de fiesta, un botellón…
Y con otros muchos solamente he hablado una o dos veces, o les he abierto una puerta un día que perdieron la llave, o simplemente nos saludamos con una sonrisa; pero sé que, aunque no tenga la oportunidad de conocerlos, también son grandes personas.
A todos ellos, a todos y cada uno de los que han contribuído a que mi recuerdo del Johnny sea imborrable, quería darles las gracias de todo corazón.
Alicia <040>
